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domingo, 19 de enero de 2014
(Contra) Manuales de gestión uterina (I)
La agresividad hiperbólica, delirante, con la que combate el crimen y lo cotidiano no constituye un mero divertimento. Las decapitaciones, los disparos a quemarropa, las torturas; en definitiva, la violencia gráfica con la que Hit-Girl rasga carne y pantalla, abren nuestra mirada a la auténtica violencia, la sistémica, que articula nuestro día a día hasta el punto de ser indisociable de la normalidad a la que nos adscribimos por interés, para medrar...
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jueves, 14 de noviembre de 2013
Celebrando el nacimiento del Mal
En la construcción de lo que entendemos por femenino y sus servidumbres, en especial la maternidad, está la clave de lectura de una selección de películas, las del pasado Festival de Cine Fantástico de Cataluña, que también han abordado la venganza contra el orden patriarcal, las masculinidades alteradas, y la crítica al buenismo de supuestos discursos revolucionarios. No vamos a atrevernos a hablar de feminismo hiperconsciente en lo que al fantástico se refiere, pero cuando un discurso y un género coinciden en dar ideas para destruir el sistema, no podemos más que aplaudir tales esfuerzos creativos y alentar el visionado de otras realidades que, en definitiva, hablan de la nuestra.
>> Ellas (y ellos) contra el sistema, sobre el volcán.
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sábado, 26 de marzo de 2011
¡Dormid, malditas!
Zack Snyder es generoso con sus protagonistas femeninas. En su última película, Sucker Punch, les permite sumirse en una fantasía testosterónica para escapar de dos escenarios históricamente ligados a las díscolas, las marginadas, las víctimas del mal que hacen los hombres: un burdel y un manicomio. Dice Snyder que las cinco chicas embutidas en atuendos imposibles “no son clichés, ni explotan su imagen. Son personajes que van más allá de eso”. Cinco menores de veinticinco años, carentes de voz en la realidad de manicomio, pero que, ¡eh!, parten caras en su mundo de fantasía. Qué entiende Snyder por cliché, es algo que me encantaría que explicara porque ninguna de sus chicas hace algo por sí misma en esa realidad tangible de padrastros violadores y celadores/proxenetas. El explotador no solo no muere asesinado a manos de sus víctimas, sino que se marca un número cabaretero con la psiquiatra/madame en los títulos de crédito -algo que no salva, ni por asomo, el haber invitado a la banda sonora a señoras con mayúsculas (Bjork, Skunk Anansie, Emily Browning)-. No es que la película carezca de guión, ojalá; lo que me entristece y hace que me salten las alarmas es la impunidad con la que se replican algunos marcos de poder y sus dinámicas de género. Snyder tenía en su mano cierto potencial para subvertir roles, para darle sentido a esas mujeres. Sin embargo, parece que prefiere verlas muertas, lobotomizadas o huyendo. ¿Conseguir la libertad? Sigan soñando, señoras.
domingo, 27 de febrero de 2011
Las necesidades del friki

"En The Big Bang Theory se propone la posibilidad de la desaparición de lo sexual en el seno de una comunidad masculina cuyas necesidades básicas parecen cubiertas por fetiches de la contemporaneidad: la ciencia, la informática, la memoria del cine de consumo o del cómic como sustitución de la vida".
Carlos Losilla en ¿Qué fue de la 'sit-com'? (Cultura|s 453)
Perfecta carne en descomposición
Aronofsky firma esta segunda parte del díptico cárnico -que inaugurara con El Luchador- utilizando sangre y psicoanálisis. Duele y, a la vez, fascina. Se nos narra que la perfección pasa por el sacrificio de la carne; el escenario es el altar donde ofrecer esa comprensión última y extrema entre las dos partes de una mujer sometida por una figura maternal distorsionada que despierta al enfrentarse -y sucumbir- a su oscuro doppelganger. Eros y Tánatos. Pulsión de muerte y narcisismo extremo. Una fábula freudiana puesta al servicio de la mutación de Nina/ Natalie Portman, detonada ésta por la imperfecta Lily/Mila Kunis, la criatura más magnética y coherente de la película.
viernes, 18 de febrero de 2011
lunes, 7 de febrero de 2011
Amor y otras bizarradas
Una fábula corporativa teñida de historia de amor. Como ¿En qué piensan las mujeres?, pero con peor final -aunque menos conservadora en la representación conyugal-. Cuánto ha pagado la farmacéutica Pfizer por este publirreportaje es lo de menos; lo interesante de Amor y otras drogas está en las orgías entre médicos y visitadores farmacéuticos como metáfora. O en cómo dar con la dosis exacta de humor políticamente incorrecto en la que diluir la responsabilidad de un sistema sanitario corrupto y disfuncional.
lunes, 17 de enero de 2011
domingo, 16 de enero de 2011
De cómo el relato romántico acabó con la heroína de acción



La trayectoria de la dama de Luke, la princesa Leia, suponía una metáfora de la derrota de la lucha feminista a manos del sistema capitalista, pues si bien Leia, en principio, demostraba una fuerza de espíritu y un carácter digno de la más aguerrida de las guerrilla girls espaciales -¡qué gran escena aquella en la que Leia le arrebataba a Han su arma y se lanzaba ella sola a combatir contra los soldados del Imperio!-, acababa por rendirse a los encantos del mismo a quien el arma arrebatara, un canalla de poca monta, y para colmo mal afeitado (ya se sabe que el hombre y el oso...).
miércoles, 8 de diciembre de 2010
lunes, 8 de noviembre de 2010
El capital es masculino
Traje y corbata, el uniforme de los nuevos viejos tiempos. En la foto de familia falta la legítima heredera del infame tiburón de Wall Street, Gordon Gekko, la periodista -y pelirroja- Winnie Gekko. ¿Un lapsus de Oliver Stone? El director de "Nixon" dice ser crítico con el sistema, con la política económica de su país, Estados Unidos, y con esa tendencia a la avaricia latente en todos los tristes mortales; no obstante, en "Wall Street: el dinero nunca duerme" da la impresión de defender un patriarcado rancio y testosterónico, donde lo femenino funciona como tope moral, al principio, y como legitimador de todo el perverso entramado, hacia el final, embarazo mediante. La guinda de género la pone el personaje interpretado por Susan Sarandon, antigua enfermera y madre del broker Lebouf que, por culpa de la crisis, tiene que dejar el lucrativo negocio de especuladora inmobiliaria para volver a una profesión que, tal y como le recuerda su hijo, se centra en "ayudar a la gente". Lecciones de moral de la boca de un depredador con el beneplácito de la sección femenina, tan cómodas en su rol tradicional de escuchantes, cuidadoras y dadoras de vida para que la élite se mantenga que duele.
martes, 2 de noviembre de 2010
La psicóloga y el pistolero
La primera vez que vi Instinto Básico debió de ser a una edad temprana. Recuerdo que el VHS grabado del Plus me lo pasó una buena amiga que gustaba de historias intensas. Puede que no tuviéramos los doce, o tal vez sí; menores corrompidos por menores, todo un género de amistad. Este puente de Todos los Santos he vuelto a ella, a su testosterona desmedida, a su juego de espejos y a esa escalada de adicciones propiciada por la hipnótica Sharon Stone/ Catherine Tramell. Inquietante, seductora, segura de sí misma; una hábil manipuladora, con el psicoanálisis de su parte, que plantea su estrategia desde la coartada perfecta: el crimen es el libro. En el polo opuesto tenemos a la psicóloga Beth Garner/ Jeanne Tripplehorn adoptando una actitud sumisa e institucional ante su competidora, entre otras razones de peso, porque ella ya estuvo bajo los efectos magnéticos de su rubia compañera de facultad. Y basculando entre ambas, Michael Douglas/ Nick Curran, el inspector de policía que, más que conquistar, cree competir con la maestra de ceremonias que es Tramell -lo que me recuerda a Goldeneye y Famke Jensen en las carnes de Xenia Zaragevna Onatopp-.Entre sus muy interesantes aspectos, destacaría el uso que Paul Verhoeven le da a los espacios que legitiman los roles sexuales. Nick Curran es un personaje heteronormativo que se siente profundamente atraído por la ruptura que supone todo lo relacionado con Tramell: desde las drogas hasta la excitante posibilidad de acabar asesinado y lo que, desde mi punto de vista, es más importante, la relación lésbica entre ésta y Roxy, un contrato que Curran se apresura a codificar en términos a los que él se puede enfrentar, llegando a considerar a la amante de Tramell alguien con quien poder tratar “de hombre a hombre”. En contraposición tenemos a Gus, el amigo de toda la vida de Curran que, para relajarse, busca los muy masculinos bares que emulan el ambiente del Lejano Oeste. “Solo soy un vaquero de ciudad que intenta no caerse de la silla”, dice el fiel compañero en la cafetería de turno con música country de fondo. Sin embargo, es en la discoteca donde Catherine Tramell despliega sus juguetonas dotes de seducción: El baño de caballeros como lugar de reunión, tanto de hombres como de mujeres, sin orden ni concierto. La ironía última está en el hecho de que Nick Curran se vea reafirmado en su masculinidad haciendo un uso desmedido de la violencia y que el personaje de la Stone utilice esa misma masculinidad, solo que en su terreno; la rubia maquiavélica, empoderada y letal, es una autora -del libro, del crimen, del personaje Nick Curran- total.
En ese mismo año, otra rubia (Rebeca de Mornay) entró en competición, cual fuerza de la naturaleza, en el apartado de psicópatas magnéticas aunque, esta sí, con una motivación cristalina: la venganza -por una maternidad frustrada, nada menos-. Curtis Hanson le da razones a su protagonista, pero ésta no termina saliéndose con la suya, mientras que Verhoeven construye una auténtica psicópata en sintonía con los tiempos del consumo -de los cuerpos, de las emociones, de las apetencias-; la encarnación femenina de un verdadero Rolo Tomasi capaz de hacer reventar el mito con una segunda parte criminal.
martes, 19 de octubre de 2010
La heroína eclipsada
Uno de los grandes méritos de Machete, segun el crítico Jaime Pena, es "su capacidad para introducir una crítica inmediata a las leyes anti-inmigración promovidas por Jan Brewer, el gobernador de Arizona. Cine de género y cine político alcanzan así una simbiosis como no se había visto desde algunos títulos de John Carpenter y George A. Romero. No se quedan ahí Rodríguez y su codirector -el montador Ethan Maniquis- y su propuesta va mucho más allá, invitando casi a la insurrección mexicana y la reconquista de Texas".Hasta aquí la lectura política, tan potente -y poco reseñada- como la sangre que salpica la pantalla. Entusiasmante y necesario, desde luego, sobre todo en estos tiempos de corrección y buenas maneras. Pero, sin quitarle mérito al contexto macarra y subversivo, lo que más me ha emocionado de esta película es el potencial del verdadero mito que clama por un título propio: Shé. Robert Rodríguez mantiene en esta cinta su gusto por las mujeres asimétricas pero, a diferencia de Planet Terror, el personaje interpretado por Michelle Rodríguez no tiene que nacer, como le ocurre a Cherry Darling (Rose McGowan); ella ya es una (super)heroína del pueblo, una ejecutora en la sombra, un mito viviente -no como Machete, cuyo potencial heroico depende de su eclosión vía mass media-.
Estos Conan y Red Sonja del nuevo milenio se igualan en escena, ya sea en la cama o en la lucha. La duda me asalta hacia el final, cuando la heroína, a pesar de su entrada triunfal, se subordina al protagonista y se conforma con el rol de secundaria carismática; por no hablar del personaje de Jessica Alba, adorno naif absurdamente fetichizado con incómodos tacones de aguja y fantasía policiaca porno soft. Un gran carnaval de la carne éste, donde las secuestradas alérgicas a la ropa no son víctimas sino verdugos y Lindsay Lohan se ríe de su reflejo. Obligatoria y adictiva. "Esa película que Tarantino siempre nos quiere vender", dice Pena, pero que, hasta ahora, solo ha firmado su amigo Rodríguez.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Cameron ¿postfeminista?
Blancanieves y la Bella Durmiente despertaban tras un casto beso para, después, pasar por el altar. Las heroínas de James Cameron, tras el único coito del metraje, se transforman. Abren los ojos a un nuevo mundo. Pero dejar atrás un pasado de sumisión tiene un precio. Que se lo digan a Michael Biehn y Di Caprio, catalizadores del cambio además de bellos cadáveres.
martes, 14 de septiembre de 2010
Explicar lo que siento

"Creo que las canciones son una especie de bombas que explotan ordenadamente. Bombas a pequeña escala, como romper cosas pero no por frustración; no romper cualquier cosa y de cualquier manera, sino romper puertas cerradas que deberían estar abiertas, recuerdos que no merecen existir, días sin actitud"
Deseo de ser punk - Belén Gopegui
Deseo de ser punk - Belén Gopegui
Puede que The Runaways sea un biopic descafeinado, un simulacro de rebelión. No voy a discutirlo. ¿Se podría haber hecho mejor? Seguramente, pero en esta película hay rastros esenciales, historia resucitada de un grupo que removió la escena rockera de los setenta para que otras pudieran cantar letras sucias y peleonas. La cosa va de permisos, como siempre. Qué importa que todas confesemos estar más rotas que la Mariquita Pérez de nuestras abuelas si nos sigue dando miedo abrir las piernas para hacerle sitio a la guitarra. Esta dicotomía fatal, la de la puta y la tierna, la encarnan en la película Dakota Fanning y Kristen Stewart en las pieles de Cherrie Currie y Joan Jett. ¿Mascarada o transustantación? Qué más da!
Currie es maravillosa superficie y delirio desbordado; ladra canciones de chicos, pero preferiría quitarse el maquillaje para darle un beso a Don McLean. Joan Jett es otra cosa. Sus letras hablan de amar y odiar. Sin condiciones. Su música no pide permiso. Ella no parece, sino que es una ejecutora. Los chicos no le importan, solo quiere sus juguetes. Es una diosa en el escenario. Altiva. Perfecta. Y logra explicar lo que siente. Como Amanda Palmer cuando golpea su órgano con las pinturas de guerra recién estrenadas. O como cuando Angélica Liddell bebe cerveza en escena mientras escupe rancheras. Extremas y entregadas. Así me gustan ellas. Borrachas de Verdad. Repletas de sentido. Purple Rhinestone Eagle. CocoRosie. Delirio y Delicia como una sola. Reconciliadas. Eternas. Sin domesticar.
miércoles, 4 de agosto de 2010
"Soy Layla Miller y sé cosas"
A veces no sabes por qué ocurren según qué cosas, pero eso no evita que sigan pasando. Parecía que la última película protagonizada por Jared Leto, Mr. Nobody, podía ser interesante, por ejemplo. Dos horas y media después me acordé de Eva Illouz y de toda su crítica al discurso amoroso para las masas y así entender que el guionista se decidiera a convertir un juego filosófico con coartada sci-fi en un catálogo de posibles relaciones del bueno de Nemo Nobody. No obstante, y más allá de la crítica, la feliz coincidencia resultó ser temática -cómo nuestras acciones condicionan el futuro y cómo podemos influir, teoría del caos mediante- ¿La casualidad? Layla Miller, personaje de la X-Factor de Peter David, cuyos episodios acababa de leer frenéticamente un día antes. Layla y Nobody tienen en común que "ven cosas". Sin embargo, mientras la primera puede influir a partir de lo que ve, el segundo se define a sí mismo por su incapacidad de decisión, una característica que lo hermana con otro personaje de X-Factor, James Madrox, el hombre múltiple. Porque, cuando todo es posible, el paso más lógico es ¿no moverse? No hay que madurar porque no hay que elegir. Eternamente jóvenes. Die young, stay pretty.
viernes, 18 de junio de 2010
Air Doll
El otro nunca es como creemos -continente de aire, sangre o fuego-. Kore-eda juega con esta premisa y la reviste de ingenuidad -ella- y de onanista perversión -ellos-. Una muñeca de plástico que, un buen día, cual Pinocho, despierta para encontrarse con que es una sustituta a la que le ha crecido un corazón. Por eso, porque tiene corazón, miente. Camina la ciudad y traza su propio mapa; como el que ve el mundo por primera vez pero busca borrar el recorrido de sus costuras con maquillaje. Descubre que parecer vacía y sumisa, a veces, basta. Y se conforma con la ficción de una milagrosa coincidencia; la posibilidad de una isla sin ampliar el campo de batalla -o cómo apostar todos los corazones de una baraja en la que solo hay espadas y bastos-.
domingo, 13 de junio de 2010
Amigas animadas
El principal hallazgo de Tiana y el sapo nada tiene que ver con que su protagonista sea una perfecta combinación de ética protestante y complejo de Elektra. El giro esperanzador de esta película Disney reside en cómo han decidido representar la relación entre la protagonista y su amiga Charlotte, una amistad entre mujeres forjada desde la infancia en la que el factor masculino -el príncipe deseado- no deviene en competencia entre féminas gracias, en parte, a la comprensión de un personaje tierno y honesto. Charlotte es pura construcción de género: cree en el "amor verdadero", conoce todas las tonalidades del rosa y sueña con su príncipe azul, pero aquello de que "en el amor y en la guerra, todo vale" no le termina de convencer. Su amistad es más fuerte que su deseo. No duda, no teme. Ella es todo buen humor y determinación. Los que busquen más allá de la barbie parodiada encontrarán una mujer extraordinaria, mucho más sólida como amiga que la Nakoma de Pocahontas, la otra relación de amistad entre mujeres -de la misma generación- representada antes por Disney.
lunes, 7 de junio de 2010
"Si quisieran que fueras tú misma no te estarían pagando"
No es lo que quieres que te hagan, sino lo que deseas sentir. Ese es el servicio que el personaje interpretado por la perturbadora Sasha Grey ofrece en la película The Girlfriend Experience, un ensayo sobre la economía de las emociones firmado por Steven Soderbergh donde el director reduce al broker testosterónico ochentero a un amasijo de miedos post crisis. Ella, máscara y espejo, especula con sus servicios e intenta alcanzar su ambición de tener una boutique y vivir tranquila con su novio -de profesión: preparador físico- que, sorprendentemente, tolera la profesión de su compañera. Este es el punto de partida de esta pequeña crueldad fílmica, donde la frialdad y la contención de la protagonista aguantan el envite de los celos y del amor propio de su cónyuge cuando éste se ve abandonado porque ella ha decidido pasar un fin de semana con un cliente que le hace tilín. Él, en contrapartida, decidirá viajar a un paraíso de la carne invitado por un cliente del gimnasio.En el avión privado, camino de Las Vegas -una pornotopía más, que diría Beatriz Preciado- el preparador físico invitado y los capitalistas hablarán de asimetrías -"Ellas tienen el poder y lo saben"- y de poder -"Relación abierta, sí, ¿pero en qué extremo?"-. En el hotel, y rodeados de señoritas de compañía, el preparador sonríe. Cree saber lo que sienten los clientes que contratan a su novia. ¿Ellas son todo lo que él espera? Qué importa cuando todo lo que crees desear esta al alcance de un chasquido de dedos. Ellas, sin embargo, cubrirán la desesperada necesidad de afectos -que no de sexo- de los señores del capital por un módico precio, algo que ha dejado de ocurrir en el matrimonio por falta de honestidad -o, quizás, porque se trata de un contrato que precisa de la mentira para que funcione-.
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