lunes, 7 de julio de 2008

Héroes de pasta blanda

El cine, la viñeta y, ahora, el videojuego. El marco por donde el superhéroe ha caminado, volado y abofeteado parece que, a cada crisis creativa y narrativa que sufre la industria, deciden no solo darse de la mano, sino abrazarse con pasión desesperada. Cine, viñeta y videojuego.

Puede que parezca extraño pero ha sido viendo Hulk, la última, lo que me ha llevado a traeros hoy a Shyamalan y su Protegido. De ahí este cambio en la música de fondo. James Newton Howard viste la transformación de hombre corriente a superhéroe con una partitura que adelanta el trágico y revelador final de esta película, ¿no os parece? Pero en lo que quería enfocar precisamente es en la representación del superhéroe y su reafirmación de masculinidad – heroicidad utilizando la figura de la fémina salvadora, la oreja comprensiva, el apoyo constante; la sustentadora emocional, a fin de cuentas.

Hulk es una película sincera como pocas. Vacua en contenido, si, pero a la que hay que concederle ciertas virtudes a la hora de retratar la intensidad cotidiana entre los personajes que interpretan Edward Norton y Liv Tyler, Bruce Banner y Betty Ross, respectivamente. Esa conexión que transmiten ambos es precisamente el desenlace que Shyamalan construyó para su protagonista en El Protegido. El héroe no es héroe porque salve el día, sino porque ha aunado potencia y voluntad, sabe lo que es y lo que debe hacer. Pero necesita un permiso para ser, y ese permiso solo se lo puede dar la fémina que funciona como motor emotivo, como complemento emocional, sea esta Liv Tayler en Hulk o Robin Wright en El Protegido.

No obstante, y a pesar de esos momentos fugaces de complicidad extrema, Hulk no trasciende el sucedáneo de King Kong teñido de verde y descafeinado que representa. Una suerte de Bestia que busca a su Bella para recuperar su humanidad. En cambio, El Protegido plantea la posibilidad del perdón y la resurrección. Siendo la reconstrucción de la familia uno de los pilares fundamentales del cine de Shyamalan, la relación de Bruce Willis y Robin Wright se construye desde el sacrificio adolescente de él, generando la frustración futura retratada en el metraje y que afecta a la vida de ambos en pareja. El equilibrio llega, irónicamente, con la aparición del Némesis, Samuel L. Jackson, ese reflejo oscuro (evitando la coña obvia, plis) que, como veremos en la inminente sexta entrega de Batman, no siempre sirve para orientar, para definir el bien y el mal, sino más bien para crear dudas en el propio héroe de quién es. En el caso de El Protegido, el director se conforma con que su protagonista no solo encuentre la identidad sino el bando correcto y, por ende, el control de su vida. La nueva identidad viene de la mano del indispensable personaje antagónico, el Némesis, el reflejo contrario y oscuro, cuya madre también ha influido en sus permisos para ser o no ser el malo de la película. He aquí de nuevo la clave femenina, definitoria, para que el héroe o villano pueda llegar a ser.

Lo interesante de todo esto es que determinados clichés sexistas se han visto camuflados con una ligera mano de maquillaje. Los personajes femeninos son determinantes para el desarrollo del rol masculino superheroico, ya sea como comparsa o como cuña para sujetar el talón de Aquiles del héroe masculino: las emociones. Pero las chicas todavía no parecen ser dignas de papeles protagonistas de aúpa. No, desde luego, si lo escriben los de siempre. Y a pruebas tales como Elektra, Catwoman, Ultraviolet o Resident Evil, me remito. Puede que sean descaradas todas ellas, supuestamente independientes; complacientes y enfocadas a un público que las desea ondulantes en su anatomía, pero planas en su personalidad. Nada amenazantes.

Shyamalan le ofrece a Robin Wright un papel de detonante, castigadora y perdonadora. Liv Tyler, a pesar de ser una científico de primera división sin haber cumplido la treintena, tiene que jugar a apaciguadora de la bestia. Es por todo esto que os cuento que espero que comprendáis por qué digo que Tarantino es el último post-feminista: sus chicas no se acomodan en el tramo pasivo de la pantalla, van más allá del mentor, del héroe, del villano. No piden permisos (ni los dan) y cuando buscan venganza ninguna promesa de hogar e hijos les quita la idea de la justicia de la cabeza, por muy seria y formal que esta sea.

Nota: A petición del público (breve, pero intensa), os dejo mi sección del viernes pasado del programa El Séptimo Vicio de Radio 3.

1 comentario:

bernard n. shull dijo...
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