Dos reflexiones he extraído del visionado de la última película del señor Spielberg, la cuarta entrega de Indiana Jones. Las fascinaciones se incuban en la infancia y/o adolescencia y las nuevas generaciones somos carne de nostalgia. A continuación explicaré la relación de estas afirmaciones con el apasionante mundo del cómic.
El tebeo se viene asociando a la infancia, a la inmadurez, en el caso de que hablemos de superhéroes o manga, o al gafapastismo, la pretensión y la erudición, si echamos la mirada a la línea clara francobelga, la de Tintín y Asterix, por poner dos ejemplos clásicos. Estas aseveraciones no dejan de ser prejuiciosas, desde luego. Pero el mercado ha caído en la cuenta de algo interesante: la nostalgia vende.
Esto que les cuento se puede apreciar de forma clara si nos fijamos en la reciente proliferación de adaptaciones de superhéroes, en la recuperación de series de televisión que parecían olvidadas. Las motivaciones de aquel amigo tuyo que revisa siempre que puede esa película que vio de adolescente y que marcó su gusto por las pelirrojas responden a otra programación.
El filósofo Slavoj Zizek habla de la perversión del cine a la hora de crear modelos. Tan sencillo como leer “lo adecuado” a la edad “idónea”. Y crear así tu propio panteón de dioses posmodernos.
Esa es la razón por la que muchos adultos bienformados son incapaces de extraer felicidad cien por cien retro de películas como Indiana Jones. Les falta un componente en la ecuación, la nostalgia. Ese momento exacto grabado a fuego en la memoria en el que Luke Skywalker descubre que Darth Vader es su padre, la silla chirriante de aquel cine pequeñito donde viste agazapado Parque Jurásico por primera vez o el momento exacto en que Olivia Newton John se convierte en una roker fumadora, volviendo loco a John travolta en Grease. Algo tan personal e intransferible como la sensación tras la caída de tu primer diente de leche.
Mi generación está perdida en la nostalgia VHS. Y algo parecido ocurre con el fascinante mundo del cómic. A medida que se contagia el gusto por las lecturas en viñetas, las intransigencias se multiplican. Ese Spiderman que veo en la pantalla no es el Peter Parker con el que crecí. Otros opinan lo contrario.
Y supongo que, a lo tonto, esa es la esencia de la crítica que llega. La que se compromete, la que no es templada. Aquella que destila verdad, sensaciones vividas, más allá de las formas. La experiencia subjetiva que busca coincidir con lo vivido por el resto.
El héroe pulp que es Indiana Jones volvió ayer a las pantallas. Para muchos fue nuestra primera vez con él en un cine. A la generación nacida a la vera de las descargas de Internet seguramente le dé igual. Pero, a los que no nos dio tiempo a vivirlo, porque lucíamos pañales o no habíamos salido de la guardería, la oportunidad de revivir un clásico del cine de aventuras, con todos sus tópicos, homenajes y guiños, nos supo a pasado añejo hecho presente continuo. Lo dicho, carne de nostalgia, pero nostalgia de lo no vivido.
Indiana Jones sería fan de Rip Kirby y su Flash Gordon, no lo dudo ni por un momento.
Nota: Este texto pertenece a la sección de cómic del pasado viernes en El Séptimo Vicio de Radio 3. No se olviden sintonizarlo el viernes que viene, ;)
lunes 26 de mayo de 2008
Reflexiones Post-Indy 4 (Primera parte)
Milk
Milk también se llama Chiara Bautista. Y en esta ilustración me recuerda a Tokidoki.Cocorosie - By your side
jueves 22 de mayo de 2008
Mujer especular
Que haya sueños es raro, que haya espejos,
que el usual y gastado repertorio
de cada día incluya el ilusorio
orbe profundo que urden los reflejos.
Dios (he dado en pensar) pone un empeño
en toda esa inasible arquitectura
que edifica la luz con la tersura
del cristal y la sombra con el sueño.
Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso nos alarman.
Fragmento del poema Los Espejos, de Borges. Ilustración "robada" a una fotologera, de Liza Corbett.
lunes 19 de mayo de 2008
Cosas que hacer en una semana sideral
Resumir estos cuatro días pasados. Metatextualizar a Vila-Matas. Leer el libro de Lydia Cacho. Caminar hacia atrás. Escuchar a una fotógrafa. Ir a la ópera. Construir masculinidades femeninas. Quedar con una u minúscula y el resto de vocales. Desobedecer. Adorar a un héroe pulp. Hablar del héroe pulp en las ondas. Mandar mails. Leer rótulos de neón. Escribir una carta a mano. Llenar el vacío. Dormir...
sábado 17 de mayo de 2008
jueves 15 de mayo de 2008
martes 13 de mayo de 2008
lunes 12 de mayo de 2008
Muñecas hinchables
Para Esther, como para todas las chicas de su generación, la sexualidad no era más que un divertimento placentero, guiado por la seducción y el erotismo, que no conllevaba ninguna implicación sentimental especial; seguramente el amor, igual que la piedad según Nietzsche, nunca había sido otra cosa que una ficción inventada por los débiles para culpabilizar a los fuertes, para imponer límites a su libertad y su ferocidad naturales. Las mujeres habían sido débiles, en especial a la hora de parir; en sus comienzos necesitaban vivir bajo la tutela de un protector poderoso, y a tal efecto habían inventado el amor, pero en la actualidad se habían vuelto fuertes, eran independientes y libres, habían renunciado tanto a inspirar como a experimentar un sentimiento que ya no tenía ninguna justificación concreta. El proyecto milenario masculino, perfectamente expresado en nuestra época por las películas pornográficas, consistente en despojar la sexualidad de toda connotación afectiva para devolverla al campo de la pura diversión, había conseguido realizarse por fin en esta generación (...) Tras décadas de condicionamiento y de esfuerzos, por fin habían conseguido extirpar de su corazón uno de los sentimientos humanos más antiguos, y ya estaba hecho, lo que se había destruido no se podría reconstruir, igual que los añicos de una taza rota no podrían reensamblarse por sí solos; habían alcanzado su objetivo: no conocerían el amor en ningún momento de su vida. Eran libres.
Miss Aniela en los Madriles
"Me enfada que no se asuma que la imagen de una mujer desnuda no tiene por qué formar parte de las fantasías masculinas" Miss Aniela dixit. domingo 11 de mayo de 2008
Llueve. Hay luz. Me siento mejor.
Tap, tap. Llámalo intimidad. Desde los pulgares. Ñam, ñam. Hasta la primera cicatriz. Sorbiendo despacio. Glups. Deja de leerme los pensamientos. Mmmm. Bebe de mis labios. Slurp. Y calla. No lo pidas. Es mejor que pienses en dormir. ZZZZzzzzzz...
Espejos en la Niebla
Espejos en la niebla está formada por una serie de proyecciones simultáneas y diferentes, cada una de las cuales aporta su particular faceta temática, desarrollada como parte de todo el conjunto o laberinto de opciones donde el espectador pueda optar, alterar, combinar, suplir, etc., según sus criterios de valoración. No hay una historia artificialmente lineal, como en las películas: el cine, como la vida, es fractal. Cada proyección aislada contiene a la vez potenciales y múltiples sugerencias.
Esta exposición está dedicada al realizador salmantino Basilio Martín Patino que muestra los resultados de sus investigaciones en torno a los mecanismos de la visión y la memoria a través de una estructura laberíntica que juega con proyecciones y pantallas translúcidas y en la que el espectador tiene la oportunidad de situarse dentro del proceso creativo del director.
sábado 10 de mayo de 2008
jueves 8 de mayo de 2008
Almorzando desnuda
Porque, como bien sabe Vila-Matas, para poder escribir hay que deshacerse del exceso de equipaje. Entrar en un delirante laberinto, perderse en Port Actif o arribar a la Interzona. Seducir a una mujer fatal, que resulte ser tu esposa y pegarle un tiro en la cabeza. Amar a Robocop duele. Crear, según Cronenberg, también tiene que doler. Si no, no es verdadera creación. Y el bucle de todo shandy está en la constante renuncia de la madre, de la esposa, de la falsa musa. Hay que deshacerse del exceso de equipaje. A tiros. Y comerse el cadáver ¿Va a facturar? Solo una Martineli, veneno para cucarachas y un billete de tren en los bolsillos. Un viaje literario. Sentirse cucaracha. O un creador. O una perfecta paridora.
lunes 5 de mayo de 2008
De mujeres fatales
... gracias a la definición de la sexualidad extrema por parte de una mujer fatal se hizo realidad el nacimiento del mundo de los portátiles: un universo que fue hijo del equívoco y de la casualidad. Del equívoco por la confusión entre rusos de Berta Bocado. Y de la casualidad, por el encuentro con Georgia O´Keefe que trajo como consecuencia la expulsión de la maternidad en el lenguaje shandy.
Todo parece indicar que la incorporación de mujeres fatales al mundo portátil propició el nacimiento de la sociedad secreta. Pero, como ya es sabido, nacer es empezar a morir. Que las mujeres fatales se instalaran en las máquinas solteriles shandys no eximió a estas últimas de futuras averías irreparables, ya que, en el preciso instante de saberse vivas y portátiles, abrazaron a la Muerte, lo que explica tanto la aparición inmediata de la palabra suicidio en su horizonte como el hecho de que uno de los comensales de Por Actif, precisamente el que se había enamorado de la mujer fatal, se hiciera cargo allí mismo de la fatalidad de una oficina portátil, la agencia general del suicidio...
Enrique Vila-Matas - Historia abreviada de la literatura portátil
domingo 4 de mayo de 2008
Matrimonio
Para los que pensamos mal y vemos deforme, el famoso Beso de Klimt encierra una triste historia. Donde algunos ven emoción y entrega, yo vislumbro miedo y obligada inconsciencia. La irrealidad de su pan de oro, el instante perfecto y temido, las manos de él y el gesto abandonado de ella ¿Ella se abandona o se somete? Se rinde a esas manos grandes y perfiladas, se arrodilla sobre las flores y dice sí quiero. La mano de él en el cuello de ella. Un abismo a la derecha. Él busca sus labios. Ella cierra los ojos ¿Reza? Frena su mano. Le abraza. Él entierra su cara para no salir en la foto.
La versión que les propongo de Chris Bachalo me gusta. Supongo que es por los gestos, los brazos que sobran y sus expresiones. Pero seguiré meditando...











