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domingo, 19 de enero de 2014

"¿Cómo lo hace para representarnos tan bien?"

Me siento mejor representado por mujeres. A veces recibo cartas de mujeres que me dicen: ¿cómo lo hace para representarnos tan bien? Eso no tiene sentido: me tomo como personaje, me hago interpretar por una mujer, no hago nada para construir el personaje "femenino". Por otra parte no son "papeles femeninos", están simplemente interpretados por mujeres. Por eso estos personajes parecen humanos, las mujeres me escriben porque se reconocen en ellos, eso es todo. No sé nada de las mujeres, y no escribiré nunca un papel "femenino".

Lars Von Trier (27 de junio 2011)
Cahiers du Cinema - España nº50

domingo, 27 de febrero de 2011

Las necesidades del friki


"En The Big Bang Theory se propone la posibilidad de la desaparición de lo sexual en el seno de una comunidad masculina cuyas necesidades básicas parecen cubiertas por fetiches de la contemporaneidad: la ciencia, la informática, la memoria del cine de consumo o del cómic como sustitución de la vida".

Carlos Losilla en ¿Qué fue de la 'sit-com'? (Cultura|s 453)

domingo, 9 de enero de 2011

So you slap me!

La librería de segunda mano que, hasta hace muy poco, había frente a mi casa ya no está. Dejó de estar hace unos cuantos meses. ¿Antes de verano? La mañana de Año Nuevo me fijé en que le habían arrancado la fachada como quien despelleja a un visón. Su escaparate al otro lado de la entrada del edificio, las estanterías de madera, el ladrillo de la pared... todo lo que le daba identidad a aquella tienda había desaparecido.
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No recuerdo si llovía la mañana antes de Reyes, cuando me crucé con una señora que, encaramada en sus botines, le gritaba a un buen hombre por el mero hecho de pedir ayuda en el barrio equivocado.
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En un talk show de una cadena nacional la hija le dice a la madre: "Sales demasiado".

viernes, 15 de octubre de 2010

Ser como una "guerra nuclear"

Dorothy sueña con ser ama de casa, pero ya no tiene para quién serlo. Hace de ama de casa unos días para cualquiera que pase por allí. Se casa en medio de las borracheras y luego tiene problemas con el alcalde cuando va a tramitar sus divorcios. Son los largos largos años cuarenta, primero los años de la guerra, las mujeres en las fábricas y luego plástico irreal de curvas exactas y rizos y vestidos por las rodillas para las niñas. Daddy knows best en los nuevos aparatos de televisión de todo el mundo, planes de posguerra, felicidad de posguerra. Dorothy gira y gira en distintos taburetes de bar y fuma cigarrillos de paz y discute de mentira, con esa forma suya inoportuna y obstinada. La bomba atómica ha caído sobre Nagasaki e Hiroshima, cien mil muertos carbonizados, el presidente ha hablado en los televisores de todos. Dorothy no tiene ni televisor ni autoestima, ella ama al presidente y la Casa Blanca tanto que casi se le saltan las lágrimas. Y sigue sacándole punta a todo y dando lecciones sobre nada en los bares, hasta que la echan, va a casa tambaleándose en zigzag a través del desierto con el bolso lleno de ceniceros y copas de cerveza robada.

Sara Stridsberg en Escuela de Sueños

lunes, 19 de octubre de 2009

Amor especular

Amelie Nothomb dice que uno se enamora de aquellos a los que no soporta, de aquellos que representan un peligro insostenible. Cita a Schopenhauer y el instinto de procreación como coartada, igual que Gabriela Wiener en su maravilloso y absorbente Nueve lunas. El amor es lo que evita que Amelie sea una asesina en serie. Para Gabriela, el amor entre dos mujeres, y más si una ha parido a la otra, es lo más parecido al amor pasional. La Plath mató muy bien a su progenitora, recuerda, y Anne Sexton dijo aquello de una mujer es SU madre.

"Tenía miedo de convertirme en mi madre pero me daba aún más miedo que una posible heredera mía se convirtiera en una hija como yo. Finalmente, lo que temía es la posibilidad de generar una mala copia residual de mí misma, capaz de odiarme aún más de lo que yo me odiaba." No queremos reflejos, eso habría que gritarle a Lem a la oreja. Eso le susurra Rinri a Amelie sobre las sábanas: "[las japonesas] no son ellas mismas (...) a mis amigos y a mi nos parece que para esas chicas solo somos espejos". No entiendo el reproche. El sujeto busca el sentido, su sentido, en la mirada del otro. Solo unos pocos se pierden en el desierto para encontrar su imagen (y semejanza).

En el epílogo, Gabriela confiesa: "Mirar a tu bebé recién nacido se parece a tomar éxtasis. Una mezcla de extrema suavidad, aprensión y ganas de bailar". La poeta triste sí es Beatrix Kiddo.

sábado, 18 de julio de 2009

(Per)versiones disney

Llevo tiempo queriendo escribir un post sobre la conflictiva relación entre cuentos tradicionales, chicas Disney y roles de género. Ilustradores y fotógrafos han tratado entre sus temas esta doble cara de los cuentos que forman parte del imaginario colectivo occidental. Imágenes perversas, parodias domésticas o versiones posmodernas. Pero la representación de las féminas disney tiene un claro propósito: programación de género; esa es la razón por la que Encantada debería estar prohibida para niñ@s menores de trece años, el daño que esta película puede ocasionarle a una tierna mente infantil (o prepúber) es incalculable. Algo parecido pasa con casi todas las heroínas (o princesas) Disney. Desde su relanzamiento noventero, esta compañía se propuso terminar con la imagen de explícita sumisión de sus anteriores heroínas - Blancanieves, Cenicienta, la Bella Durmiente -, aunque destacaría tanto a Alicia como Campanilla como agradables excepciones – también es cierto que estas dos últimas no eran, técnicamente, "princesas"-.

Las películas de los noventa empezaban muy bien: Ariel desobedece a su padre para poder vivir aventuras; Bella, harta de su aburrida vida provinciana, se refugia en la biblioteca de su pueblo; a Jasmine le horroriza la idea de tener que casarse con un príncipe pretencioso y decide dejar palacio con nocturnidad para ver qué hay más allá de sus muros; Pocahontas monta en canoa, pasea por el bosque y liga con extraños; Mulan se corta el pelo y se hace pasar por un hombre para irse a la guerra; Esmeralda hace de París su parque de atracciones; Megara finge ser una dama en apuros para chantajear a los aprendices de héroe de turno..., y así podría enumerar otros tantos principios prometedores donde la heroína no es representada como una comparsa, una víctima, una madre protectora o un objeto de deseo dentro del universo simbólico del cuento.

Pero la decepción no se hace esperar debido, principalmente, a la figura del padre. Todas las “princesas” que he enumerado tienen una figura paternal hondeando sobre sus cabezas, la misma figura que exige, da permisos o limita el desarrollo de estos personajes. Pensad en la escena final de La Sirenita, o en cómo el padre de Jasmine cambia la ley sobre el matrimonio después de hora y media de metraje para que su hija se case con la “rata callejera”, la misma que le ha prometido enseñarle a whole new world a la princesa, como si ella no pudiera comprarse su propia alfombra mágica para hacer turismo. Algo parecido ocurre con Bella, la más lanzada (por aquello de bordear el bestialismo). Quiere vivir aventuras y "compartirlas con un amigo de verdad", pero se termina casando con un príncipe caprichoso que la confinará en un palacio. Eso sí, al menos tendrá una biblioteca en condiciones.

El peso de la figura paternal también se deja sentir en Pocahontas y Mulan. A la primera le puede el deber y a la segunda le motiva el hecho de no estar programada para ser “una buena esposa”, lo que repercute en el honor familiar, razón por la cual se traviste para alistarse en el Ejército. Mulan es transgresora, en parte, porque deja al descubierto algunos de los mecanismos de la producción del género (performativos la mayoría de ellos), maravillosamente recogidos en esta escena. No obstante, mi crítica viene por la parte del honor hacia la figura paterna. Su motivación última es agradar a su padre y, ya de paso, el final feliz también implica boda (con un capitán, nada menos).

Si me preguntan cual es el mejor modelo femenino parido por la Disney, sin pestañear les diré que Lilo (De Lilo & Stitch). Fanática de Elvis, fotógrafa, irónica… es poderosa precisamente porque es una infante cuya programación de género excluye los lazos rosas, las muñecas y los chicos. Y porque es una niña anticanónica, lo que normaliza gustos y actitudes diferentes de cara al posterior consumo por parte de la chavalería, la misma que se terminará identificando con estos u otros roles, pero que deberían tener más donde elegir. No deja de resultarme curioso que las más interesantes representaciones de heroínas animadas de los últimos años hayan venido del Estudio Ghibli – la princesa Mononoke y Chihiro -. Y no he hablado de Pixar, pero eso es ya carne de otro post…


*Bola extra: Tres escenas Disney explícitamente sexuales: (Una, dos y tres)
*Bola extra 2: Dos videos con comentarios a algunas escenas "perversas" Disney: (Una y dos)

miércoles, 15 de julio de 2009

Cuerpos cero

La Humanidad, que con Homero había sido objeto de contemplación para los dioses olímpicos, ha venido a ser la noticia bomba para ella misma. Su alienación, de sí misma para sí misma, ha alcanzado ese grado que la hace convertir su propia destrucción en una sensación desgraciada pero de máxima calidad teatral. Estas son palabras aproximadas de Walter Benjamin hace medio siglo, pero hoy, con el capitalismo revestido de millones de pantallas, la realidad se contempla a través de miles de imágenes y ya nada que importe realmente dejará der ser objeto de una autopsia espectacular.

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Habitábamos de este modo un reino donde, convalidada la verdad por la falsificación, la especulación pasaba a ser un natural modo de vida. En este juego ocurría lo mismo que con el sexo, ahora transformado en género. Con el sexo podía hablarse del modelo masculino y del modelo femenino como polos de definición, pero bajo el reino del género podían entrar todos los grados y mixturas hasta parecer de poco gusto caracterizar a alguien como hombre/hombre o mujer/mujer. El título se crea imaginativamente sin que exista una realidad anterior. Todos seríamos fusiones, creaciones culturales, construcciones permeables, propensas a la mixtura y la transfiguración.

En la vastedad del mundo se asienta nuestra ciudad, y en la ciudad, entre un anonimato de construcciones, el lugar del domicilio. Dentro de cada casa hay un rincón para agazaparse y todavía, al fin de ese reducto, aparece la pantalla del ordenador, el último alvéolo de la intimidad. La intimidad que antes se confiaba a un oído elegido pasa hoy a los salones del ciberespacio (a la llamada "extimidad") y millones de usuarios cuelgan allí sus secretos, desatan sus inhibiciones o muestran su privacidad. En ese ciberplateado cosmos, plagado de infinidad de nombres y fantasmas, se canjean cuentos y noticias, fantasía y verdad. Allí no existen animales, ni rocas, ni muertos. Un mundo así, tan especulativo, no lo habíamos conocido nunca y solo lo habíamos supuesto como el posible paraje al que advendríamos después de muertos, entre la fecha de la esquela y el juicio final, en cuyo periodo las almas, desprovistas de cualquier peso, se relacionarían como cuerpos cero.


El Capitalismo funeral - Vicente Verdú

martes, 7 de julio de 2009

El alma de una terminatrix reside en sus pies


"Definamos una máquina ultrainteligente como una máquina que pueda superar todas las actividades intelectuales de cualquier hombre, por muy inteligente que sea. Puesto que el diseño de máquinas es una de esas actividades intelectuales, una máquina ultrainteligente podría diseñar incluso máquinas mejores; entonces se produciría sin duda "una explosión de inteligencia" y la inteligencia del hombre quedaría muy atrás. Así, la primera máquina ultrainteligente es la última invención que necesita hacer el hombre, siempre que la máquina sea lo suficientemente sumisa como para permanecer bajo control. [...]

Es más que probable que en el curso del siglo XX se construya una máquina ultrainteligente y que esa sea la última invención que el hombre necesite hacer."

Vernor Vinge, extraido de El Rival de Prometeo

domingo, 21 de junio de 2009