Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de marzo de 2012

Mirror, mirror...


"A menudo la madrastra, que quiere exterminar la vida de la heroína ya desde su semilla, es la primera que se proyecta hacia el exterior, en la misma madre o en otras mujeres. Solo cuando la mujer alcanza un grado de evolución mayor se da cuenta de que la perseguidora de la que no consigue librarse está dentro de sí. Reconoce entonces que vive enemistada consigo misma, pues comprueba que la gran grosería de nuestra cultura sentimental trabaja en su interior"

La llave de oro (Sibylle Birkhäuser-Oeri)

domingo, 13 de junio de 2010

Amigas animadas

El principal hallazgo de Tiana y el sapo nada tiene que ver con que su protagonista sea una perfecta combinación de ética protestante y complejo de Elektra. El giro esperanzador de esta película Disney reside en cómo han decidido representar la relación entre la protagonista y su amiga Charlotte, una amistad entre mujeres forjada desde la infancia en la que el factor masculino -el príncipe deseado- no deviene en competencia entre féminas gracias, en parte, a la comprensión de un personaje tierno y honesto. Charlotte es pura construcción de género: cree en el "amor verdadero", conoce todas las tonalidades del rosa y sueña con su príncipe azul, pero aquello de que "en el amor y en la guerra, todo vale" no le termina de convencer. Su amistad es más fuerte que su deseo. No duda, no teme. Ella es todo buen humor y determinación. Los que busquen más allá de la barbie parodiada encontrarán una mujer extraordinaria, mucho más sólida como amiga que la Nakoma de Pocahontas, la otra relación de amistad entre mujeres -de la misma generación- representada antes por Disney.

Zapatos perdidos


"Christina estiró el brazo, agregó la tapa del cuento de hadas al fuego moribundo y luego me miró con ojos expectantes. Por un momento vacilé. Intoxicada por la psilocibina, no conseguiría distinguir la verdad de la fantasía, y yo podría desempeñar mi papel y llevar ese drama psiconalítico a su conclusión sin temor a la censura profesional. Mi acción no se desarrollaría en el mundo real sino dentro del reino donde se representaba la fábula de la Cenicienta"

Una hueste de fantasías furibundas, un cuento de J.G. Ballard

*True Love
es la última serie de Alejandra Alarcón.

sábado, 3 de abril de 2010

Azul

Descubro las sugerentes fotografías de Brooke Shaden (en su flickr y en su blog) gracias al impecable gusto de Caperucita, la más roja.

domingo, 31 de enero de 2010

martes, 5 de enero de 2010

Cuentacuentos

Krista Huot crea desde los bosques y les subraya la mirada a sus heroínas (vía zuppadivetro)

sábado, 24 de octubre de 2009

Caperucita en Barcelona

La obra de Alejandra Alarcón estará en Barcelona hasta el 20 de noviembre en la Galería Iscart. He elegido de su web esta revisión de las zapatillas rojas, pero ustedes la recordarán por su Caperucita, la más roja. Acuarelas que son sangre, que son agua, que diluyen el dolor. Relecturas necesarias. Per-versiones saturadas. Mito y realidad. Adoro sus verdes y rojos; y cómo con acuarelas da forma intensa a la carne. Para comerte mejor.

martes, 6 de octubre de 2009

Crossing Midnight

La línea Vértigo vuelve a los orígenes para recuperar esa tradición que la vio nacer - la del buen hacer literario, la magia y el terror fantástico – con alguna que otra novedad. Mike Carey se desprende, para la ocasión, de la tradición dominante occidental que había venido estilando en sus últimos trabajos – la anglosajona en The Sandman y la judeocristina en Lucifer – y le da una oportunidad a la japonesa con el propósito de contar una historia fraternal, de esas que salpican, porque en este cómic los sueños se cercenan con tijeras y se suturan con aguja e hilo mientras la guerra se urde bajo el tejido de la realidad.

Sigue leyendo en Cómic Digital

sábado, 18 de julio de 2009

(Per)versiones disney

Llevo tiempo queriendo escribir un post sobre la conflictiva relación entre cuentos tradicionales, chicas Disney y roles de género. Ilustradores y fotógrafos han tratado entre sus temas esta doble cara de los cuentos que forman parte del imaginario colectivo occidental. Imágenes perversas, parodias domésticas o versiones posmodernas. Pero la representación de las féminas disney tiene un claro propósito: programación de género; esa es la razón por la que Encantada debería estar prohibida para niñ@s menores de trece años, el daño que esta película puede ocasionarle a una tierna mente infantil (o prepúber) es incalculable. Algo parecido pasa con casi todas las heroínas (o princesas) Disney. Desde su relanzamiento noventero, esta compañía se propuso terminar con la imagen de explícita sumisión de sus anteriores heroínas - Blancanieves, Cenicienta, la Bella Durmiente -, aunque destacaría tanto a Alicia como Campanilla como agradables excepciones – también es cierto que estas dos últimas no eran, técnicamente, "princesas"-.

Las películas de los noventa empezaban muy bien: Ariel desobedece a su padre para poder vivir aventuras; Bella, harta de su aburrida vida provinciana, se refugia en la biblioteca de su pueblo; a Jasmine le horroriza la idea de tener que casarse con un príncipe pretencioso y decide dejar palacio con nocturnidad para ver qué hay más allá de sus muros; Pocahontas monta en canoa, pasea por el bosque y liga con extraños; Mulan se corta el pelo y se hace pasar por un hombre para irse a la guerra; Esmeralda hace de París su parque de atracciones; Megara finge ser una dama en apuros para chantajear a los aprendices de héroe de turno..., y así podría enumerar otros tantos principios prometedores donde la heroína no es representada como una comparsa, una víctima, una madre protectora o un objeto de deseo dentro del universo simbólico del cuento.

Pero la decepción no se hace esperar debido, principalmente, a la figura del padre. Todas las “princesas” que he enumerado tienen una figura paternal hondeando sobre sus cabezas, la misma figura que exige, da permisos o limita el desarrollo de estos personajes. Pensad en la escena final de La Sirenita, o en cómo el padre de Jasmine cambia la ley sobre el matrimonio después de hora y media de metraje para que su hija se case con la “rata callejera”, la misma que le ha prometido enseñarle a whole new world a la princesa, como si ella no pudiera comprarse su propia alfombra mágica para hacer turismo. Algo parecido ocurre con Bella, la más lanzada (por aquello de bordear el bestialismo). Quiere vivir aventuras y "compartirlas con un amigo de verdad", pero se termina casando con un príncipe caprichoso que la confinará en un palacio. Eso sí, al menos tendrá una biblioteca en condiciones.

El peso de la figura paternal también se deja sentir en Pocahontas y Mulan. A la primera le puede el deber y a la segunda le motiva el hecho de no estar programada para ser “una buena esposa”, lo que repercute en el honor familiar, razón por la cual se traviste para alistarse en el Ejército. Mulan es transgresora, en parte, porque deja al descubierto algunos de los mecanismos de la producción del género (performativos la mayoría de ellos), maravillosamente recogidos en esta escena. No obstante, mi crítica viene por la parte del honor hacia la figura paterna. Su motivación última es agradar a su padre y, ya de paso, el final feliz también implica boda (con un capitán, nada menos).

Si me preguntan cual es el mejor modelo femenino parido por la Disney, sin pestañear les diré que Lilo (De Lilo & Stitch). Fanática de Elvis, fotógrafa, irónica… es poderosa precisamente porque es una infante cuya programación de género excluye los lazos rosas, las muñecas y los chicos. Y porque es una niña anticanónica, lo que normaliza gustos y actitudes diferentes de cara al posterior consumo por parte de la chavalería, la misma que se terminará identificando con estos u otros roles, pero que deberían tener más donde elegir. No deja de resultarme curioso que las más interesantes representaciones de heroínas animadas de los últimos años hayan venido del Estudio Ghibli – la princesa Mononoke y Chihiro -. Y no he hablado de Pixar, pero eso es ya carne de otro post…


*Bola extra: Tres escenas Disney explícitamente sexuales: (Una, dos y tres)
*Bola extra 2: Dos videos con comentarios a algunas escenas "perversas" Disney: (Una y dos)

jueves, 16 de julio de 2009

Una caperucita, la más roja...

De rebote me he encontrado con una ilustración de una artista boliviana, afincada en México, de nombre Alejandra Alarcón. Su página está caída, pero he encontrado un blog, semiabandonado, con referencias a su exposición titulada Caperucita, la más roja que me tiene intringada. Ediciones La Ñatita utilizó una de las ilustraciones de esta exposicion para su portada del número siete del fanzine Gringo Muerto. La Razón boliviana le dedicó un bonito reportaje donde la artista explica de qué va su caperucita...

"En el cuento le ordenan que no tome una ruta, pero mi Caperucita, la más roja se va por donde más quiere. Camina sin miedo al lobo; quizá porque quien debe tenerle miedo es él: se lo va a comer. Esta es una Caperucita dueña de su cuerpo, dueña de su poder de seducción; una Caperucita autónoma y salvaje".

Habla de la transgresión del arte y de la acuarela, tan transparente que parece que no hiere. Y le preguntan por los cuentos (esta mujer es todo lucidez): "Los mitos son para definir quién es el bueno y quién es el malo. Pero en realidad nosotros somos tan lobos como humanos, tan buenos como malos, tan hombres como mujeres. Caperucita es el lobo y el lobo es Caperucita".

La imagen que corona el post es de su serie El olor del clan. Ternura y perversión. Esta mujer, definitivamente, me cae muy bien.

***Actualización: Alejandra nos deja en comentarios su página web. Mil gracias.

sábado, 20 de junio de 2009

Doce cuentos

Se lo he robado al Niño Guarda. Hagan click para leerlo entero...

sábado, 27 de septiembre de 2008

¿Y fueron felices?

Hay congresos que merecen ser reseñados, sobre todo si cuestionan el daño masivo que provoca en la educación de nuestros menores el "happy ending" de los cuentos infantiles (y tampoco tan infantiles). Permítanme que les cuente una anécdota: En primero de carrera, un profesor de Teoría de la Comunicación, asignatura extraña a la par que fascinante donde las haya, nos explicó algo maravilloso: los mitos siempre tienen un componente de realidad, de ahí que, desde su punto de vista, Blancanieves, en sus orígenes, fuera una ficción que explicaba el paso del matriarcado al patriarcado por medio de la violencia - o sea, que el príncipe azul, en vez de despertar a la heredera con un cálido beso y salvarla de las garras de la madrastra, la secuestra, la viola y la preña para robarle el reino a su madre legítima -.

Ahora, los especialistas de la Sociedad Europea de Cuentos de Hadas debaten sobre estas y otras cuestiones, aunque les suene a mentira pedantorra. Yo, por si acaso, les recomiendo Fábulas, leyendas en el exilio, una curiosa revisión de todos estos mitos en clave de cómic.

jueves, 3 de julio de 2008

La niña que leía a escondidas

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

Encontré una edición sucia, vieja, desbaratada detrás de la cama de invitados. Los índices habían manchado los bordes. Huellas de un crimen. Leer a la luz de las velas. O con linterna bajo las sábanas. Rompiendo el lomo y sus esquinas. A mordisquitos. Doblando sus páginas. Subrayando sus letras. Una devoradora, una criminal.

miércoles, 2 de julio de 2008

Nicoletta Ceccoli ilustra una pequeña ensoñación

Me entretuviste para que no me quedara dormida. Hablamos de cuando éramos maravillosos e ingenuos mientras acariciabas con tu índice el borde de mi oreja derecha, la del pendiente en el cartílago. Ese dedo viajó a mi boca, tomó aire y se escurrió hasta llegar al principio de mi escote. Leiste los botones al revés, como los de un ascensor, en una camisa negra. Empezaste por abajo, quitándome los zapatitos de cristal, agarrándome de los tobillos, con fuerza. Abriste las ventanas, no sé si para dejar algo de nosotros fuera o para que la noche entrara en el dormitorio. Las luces de la calle iluminaban tus muecas empañadas. Dibujaste mis clavículas. Tus dedos tamborilearon sobre mis tirantes rojos. Y me hiciste suspirar. Con las bragas puestas. No recuerdo si te dije que no a todo lo que estaba por venir. Tan solo sé que te aferraste a mis caderas, me lamiste las rodillas y te quedaste dormido entre mis piernas. Me pareció oirte decir algo, pero un claxon apagó el rumor.

jueves, 21 de febrero de 2008

La doma

Heracles nunca las quiso. A las mujeres. Como para fiarse de los griegos. Los romanos hicieron suya la decadencia y la era oscura iluminó el camino dejando un rastro de cenizas y olor a carne poco hecha. La técnica se fue puliendo. Cómplice de ello fue la Historia, con la muda en mayúscula. Callada y tranquila. Llegaron los corsés, las malas artes y el Barroco. Fue entonces cuando olvidamos las pelucas y matamos a Dios. Para resucitarlo. Lo bautizamos Progreso y heredó el mundo. Inventó la píldora. Pidió permiso para entrar en nuestros cuerpos vía farmacológica. Conquistó nuestras camas. Nos presentó al cirujano. Fotografió nuestros cuerpos amoratados. Y nos llamó diosas.

lunes, 18 de febrero de 2008

Pequeñas osadías

Escribir a mano es sensual. Caí en la cuenta de que me lo parecía no hace mucho. Algo semejante me ocurre con la gente que camina. Porque, puede que áun no lo sepas pero, caminar, al igual que escribir, es todo un arte. Como follar.
.
.
Y que no te dé vergüenza. Solo déjate caer por la madriguera, querido. Y abre la caja de Pandora.
.
.
Te cuento todo esto porque he visto que acaricias con absoluta devoción la pluma de segunda mano que encontraste por casualidad. Tú no crees en las casualidades, pero la sientes como tuya igualmente, entre tus dedos. Pasas tus yemas por sus bordes y la invitas a que se deje todo lo que lleva dentro. La vacías de todo lo que significa. Y, sin darte cuenta, poco a poco, te vas dejando la piel. Le cambias la tinta, la estrellas contra el suelo, pero sigue siendo ella. Tu mano la balancea, la acuna, la sostiene. Mientras, escupes lamentos y rezas oraciones. Y te consumes. Tu pisada es solo huella y ella, tan bruja como todas, te abandona.
.
.
Que no te dé vergüenza...

martes, 5 de febrero de 2008

Amueblando el Reinohueco

Si empezara este viaje desde mi mapa preferido me daría un baño atómico en el Mar Muerto, volaría subida al mejor sueño de la semana pasada y me perdería entre viandantes de mentira, perfectamente modelados por las manos de un artista extinto y eterno.

Aprovecharía para coger impulso y saltar el charco. Dicen que Lucien Freud está tremendo en esta época del año. Volvería a nado y me dejaría caer por algunos escenarios americanos en tierras del norte, no compartiría mis esdrújulos momentos (húmedos) y repasaría las últimas pistas para este fin de semana. Una, dos, tres y cuatro.

The Cure ya no es lo que fue, pero los hombres maquillados me desarman. Tengo debilidad por la toxicidad; respiro mejor cuando estoy congestionada de presentes contínuos.

El cielo de esta ciudad es eléctrico al anochecer y brillante por las mañanas. Cuento con una mano a las chicas que invitaría a chicles de aquí a la boca del metro. Febrero no es enero. Y oil al revés es lío. Resbalo. Cierro los ojos y me siento en el borde. Tímida, terrible y triste. La t me apunta al corazón y me taladra los ovarios.

Y tengo una tetera sobria. Habita el hueco que, a veces, deja tu cafetera. Con mucho azúcar, por favor. No creo que aguante hasta el jueves sin llorar, o sin descubrir algo nuevo. Dicen que hay gente adicta a la belleza. Y me gusta la idea del eterno retorno. Sentirme binaria, una vez más. Para buscar entre tantas cintas viejas nuestra banda sonora original.

Guardaba nubes en los cajones

Y caramelos de canela en los bolsillos de su falda de abuela posmoderna. Se fue a un concierto en busca de aventuras y encontró gente de leche y miel. Navegó por los jardines de Momo y se volvió a casa con un perchero de margaritas. Le compró flores a su chico tóxico. Comió tarta de chocolate con chocolate y trocitos de chocolate. Rescató un disco del olvido adolescente. Se vistió de chica fácil. Suspiraron. Le prometió un paseo de duende por el Retiro. Y se durmió pensando qué planetas pegaría en la pared.