jueves, 3 de julio de 2008

La niña que leía a escondidas

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

Encontré una edición sucia, vieja, desbaratada detrás de la cama de invitados. Los índices habían manchado los bordes. Huellas de un crimen. Leer a la luz de las velas. O con linterna bajo las sábanas. Rompiendo el lomo y sus esquinas. A mordisquitos. Doblando sus páginas. Subrayando sus letras. Una devoradora, una criminal.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

leerte leerte
como el oxigeno diario
leo y me asombro,y siento y percibo..y me encanta la sensacion de leerte,releerte

leyendo.te

beso..tes

dorian

dbear dijo...

oig
tienes hasta admiradores
lolita es uno de los libros que más me ha impactado
sobre todo porque lo leí después de pasar una turbulenta adolescencia
saludos reino