lunes, 18 de febrero de 2008

Pequeñas osadías

Escribir a mano es sensual. Caí en la cuenta de que me lo parecía no hace mucho. Algo semejante me ocurre con la gente que camina. Porque, puede que áun no lo sepas pero, caminar, al igual que escribir, es todo un arte. Como follar.
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Y que no te dé vergüenza. Solo déjate caer por la madriguera, querido. Y abre la caja de Pandora.
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Te cuento todo esto porque he visto que acaricias con absoluta devoción la pluma de segunda mano que encontraste por casualidad. Tú no crees en las casualidades, pero la sientes como tuya igualmente, entre tus dedos. Pasas tus yemas por sus bordes y la invitas a que se deje todo lo que lleva dentro. La vacías de todo lo que significa. Y, sin darte cuenta, poco a poco, te vas dejando la piel. Le cambias la tinta, la estrellas contra el suelo, pero sigue siendo ella. Tu mano la balancea, la acuna, la sostiene. Mientras, escupes lamentos y rezas oraciones. Y te consumes. Tu pisada es solo huella y ella, tan bruja como todas, te abandona.
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Que no te dé vergüenza...

1 comentario:

Mado Martínez dijo...

Genial.