martes, 7 de diciembre de 2010

El hijo que duele

Nació el nueve de la tristeza más absoluta. De la ausencia. Del dolor. De volverse todo lágrima cuando el recuerdo asalta el corazón. Con dos pistolas, cargadas ambas de enfermedad, rabia e impotencia. Nacer de la pérdida y ser el noveno de los niños es una putada, pero también es un milagro. Ya solo nos queda cerrar este hueco tan absurdo con palabras, recuerdos y una historia (in)acabada. Hay mucho más en este Rantifuso de lo que pueda parecer. Hiere y quema. Atraviesa y desgarra. A cada uno de sus autores le será difícil olvidar el porqué. No hay catarsis. Hoy lo único que persiste es esta pena irremediable. Y la ilusión de que otros vean las páginas de Rafa terminadas. No se puede pedir más a este otoño tan largo, tan crudo. No se va a dejar arrancar mucho más.