miércoles, 23 de abril de 2008

Making Houellebecq...

No me voy a quejar, no me puedo quejar. Tampoco es que quiera, los lamentos no están hechos para este miércoles primaveral. Es 23 de abril y tengo tres libros nuevos. El último ensayo de Baricco y el esperado Holly Terror, del historiador Terry Eagleton. La necesidad de leer este último la llevo enquistada desde hace año y medio, cuando su autor se acercó por estos lares para dar una conferencia sobre la génesis teórica del terrorismo. El tercero es poesía, Carne de Píxel, de Agustín Fernández Mallo, el autor de Nocilla Dream y Nocilla Experience.

A esta maravillosa excepción he de añadir una feliz noticia, y es que Michel Houellebecq está en Madrid. Dará una conferencia y, bueno, no sé qué ponerme para ir. Porque necesito un ritual para este acontecimiento. Llevo un regalo en el bolsillo, encontrado por casualidad. No será para él, sino para una minúscula que podría ser mi hermana mayor en la ficción virtual, Muerte de los Eternos. Ella sabe a qué me refiero.

Mientras otros mortales lo enmarcan leyendo o fumando o bebiendo o follando, yo visualizo a Houellebecq riendo. Es curioso porque me suele resultar difícil separar su imagen de los protagonistas de sus novelas, una de esas cosas que siempre le critico a los demás. Curioso. Me gusta la idea de que sea un pervertido, como decía Angélica. Un pornófilo. Pero sonriente. Rebeca lo prefiere mano a mano con Barnes. Yo lo quiero solo, en Marina Dor, viendo a las nínfulas pasar, bajo una sombrilla, en algún reducto costero saturado por la especulación.

Hay quien lo califica de posmoderno, por su forma de recrear momentos salpicados de sexo, ciencia, humor, sexo, crítica, filosofía... Para mi es el último romántico. Me enternece la brutalidad de sus escenas, la crudeza de sus personajes. Me llena que hable del mundo como supermercado y que reivindique para Lovecraft su justo lugar en la posteridad (literaria). Este señor me puede, me seduce, me descompone. Y no sé qué ponerme, para variar.

6 comentarios:

Rubén dijo...

"En un sistema económico que prohibe el despido libre, cada cual consigue, más o menos, encontrar su hueco. En un sistema sexual que prohibe el adulterio, cada cual se las arregla, más o menos, para encontrar su compañero de cama. En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan considerables fortunas; otros se hunden en el paro y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tienen una vida erótica variada y excitante; otros se ven reducidos a la masturbación y a la soledad. El liberalismo económico es la ampliación del campo de batalla, su extensión a todas las edades de la vida y a todas las clases de la sociedad"

Sólo conozco esta cita del muchacho, de la que por cierto discrepo. Sin embargo reconozco que el simple hecho de enunciarla hace que tenga un especial interes en leerme ese libro. Espero no tardar mucho que últimamente estoy perezoso con la lectura.

Un beso

La pequeña Delirio dijo...

Si eres quien creo que eres te recomiendo Plataforma... y Las Partículas Elementales, mmm, creo que te gustarán, ;)

La pequeña Delirio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

¡Uffff! Yo me leí Plataforma y no me gustó nada de nada. Provocación para viejas, algo así como un número de travestismo en Villaconejos de Abajo... Y además bastante reaccionario, con todo aquello de del atentado islamista poco le falta posicionarse de la manita de Pym Fortuin... A lo mejor sus otros libros sean mejores, pero se me pasaron las ganas de saberlo.

Cambiando de tema, ¡tienes un blog bien bonito!

Un saludo

La pequeña Delirio dijo...

Yo soy una torpe enamorada de La posibilidad de una isla, mi novela favorita de él, ;)

Beso para ti, :)

Rubén dijo...

No sé quién crees que soy, si te sirve de referencia ibamos en la misma ruta cuando estudiabamos en el SEK.

Me apunto el consejo, aunque últimamente estoy bastante reacio a la lectura no-online. Mis ojos se vengarán de mi cualquiera de estos días.

Besos