jueves, 7 de agosto de 2008

Wall-E

No sabía por donde empezar esta reseña, no sabía cómo contarles que los de Pixar lo han vuelto a hacer: han logrado hacer soñar a toda una sala repleta de adultos empedernidos, abrazados a sus palomitas y botes de refresco; han conseguido que acudamos, religiosamente y en manada, a presenciar la historia de amor de dos robots que transmiten en pantalla más humanidad que muchas parejas de actores; han dado a este siglo un clásico de la ciencia ficción y del romanticismo. Wall-E ya forma parte de la cultura popular de una época.

Pero empecemos por el principio. Wall-E es un pequeño robot que alguien olvidó desconectar. Setecientos años después de que el planeta Tierra haya sido abandonado por su población, este pequeño robot sigue haciendo aquello para lo que fue creado: limpiar los restos de una civilización que prefiere vivir en el espacio antes que recoger su propia basura.

Pero Wall-E no es una máquina cualquiera. Recordando a las excursiones de La Sirenita de Disney, se pasea por el vertedero y encuentra pequeños tesoros que va almacenando en su guarida, seguro de que hay algo más allá fuera, a la vez que aprende las ceremonias amorosas propias de humanos gracias a la reproducción de una película en un video beta.

Esta es la rutina del pequeño robot hasta que un día una gran nave le deja una compañera, EVA. Esta máquina, último modelo, despierta en el pequeño robot un torrente de emociones. EVA, por su parte, tiene una misión que no es otra que encontrar vida vegetal en el planeta. El cortejo, un pequeño esqueje y la misión compartida por ambos robots terminan recalando en la gran nave donde una humanidad desparramada y auto-complaciente reside sin ningún tipo de interés por lo que ocurre más allá de las paredes de su hogar espacial. Como en El Mundo Feliz de Huxley, o en el Kingdom Come de J.G. Ballard, los habitantes no se cuestionan la existencia. Comen, beben, consumen. Y delegan todo su poder agencial en las máquinas. Hasta la llegada de EVA y Wall-E. Con la evidencia de que la vida en la Tierra vuelve a ser posible, los humanos despiertan y se rebelan, irónicamente, contra su programación.

Que la etiqueta ciencia ficción no les desoriente. Esta película es, ante todo, una historia de amor tejida por unos genios que convierten sus juegos en triunfos, conscientes de que el cine de animación se hace con unos guionistas excepcionales, amantes de Charles Chaplin y Buster Keaton, pero también con toda la capacidad tecnológica, inherente a Pixar, puesta al servicio de una historia hecha con el corazón.

Esta película me ha recordado más que nunca a Slavoj Zizek y su estupendo documental, The Pervert´s Guide to Cinema. Tal y como afirma el filósofo, el amor es performativo y el cine, desde hace ya más de un siglo, es ese instrumento de masas que, entre otras cosas, también nos enseña a amar.

5 comentarios:

Mordisquitos dijo...

¿Ya la has visto? ¡Qué suerte eso de ser crítica de cine o algo por el estilo! :)

Meryone dijo...

las niñas tienen unas ganas de emborracharse locas... pero locas...

y una tontería encima que ni te cuento...

muack bella

(tu fotolog no me dejaba comentar...)

creo que mis mujeres de wesselman te van a gustar, por cierto

Nébula dijo...

ahggg, el fotolog no me deja firmarte, snif snif, ni a ti ni a casi nadie, en fins

Wall-eeeee ^^, quería verla. Leí una crítica en la que decían que el doblaje se cargaba la historia, es tan terrible? :(

La pequeña Delirio dijo...

Querido Mordisquitos, como que "o algo por el estilo"? :P

Mery, el cuerpo pide alcohol de fin de semana, di que si... y te debo superheroinas, no se me olvida...

Nébula, hay que verla en versión original, que es una maravilla, jooooooo... nada de doblajes! :)

La Gata Ciempiés dijo...

Una de las mejores pelis que he visto últimamente (y por razones obvias en versión original, je, je). No tengo palabras para expresar como me ha llegado esta historia, es que la vería 200 veces más todas seguidas.Me gusta todo, absolutamente TODO.

No sé cómo explicarlo, pero hay ciertas pelis o libros, etc. que me hacen emocionarme como una cría. Normalmente no lloro en el cine cuando se trata de dramones y escenas tristes, pero cuando veo pelis tan bonitas... parece que esté pelando cebollas.