Tendemos a concebir el tiempo como una dimensión que permite secuenciar acontecimientos, separar minuciosamente intervalos y comparaciones, pero también como un sistema de medición que hace posible contrastar y cuantificar el movimiento de las cosas. Paralelamente, reconocemos que los objetos y las imágenes poseen características temporales: surgen de un tiempo dado, se perciben y se utilizan en determinadas circunstancias históricas. Y aún más: algunos objetos y algunas imágenes parecen tener cualidades extraordinarias, provocan una inteligibilidad perceptiva que va más allá de su puntuación cronológica, como si suscitasen una dialéctica de temporalidades y de prácticas. Ésa es, como sabemos, una de las condiciones distintivas del mundo del arte.
El tiempo expandido - Sergio Mah
No hay comentarios:
Publicar un comentario