"En su afán psicologista, Jonze, y su nuevo escritor, Dave Eggers, han cargado de explicaciones una historia que el libro se abstiene de moralizar: frente a la película, en el libro no hay familia desestructurada, no hay arrepentimiento, no hay subtramas en el mundo de los monstruos, solo un viaje por el lado salvaje de la vida". Lo dice Gonzalo de Pedro en Cahiers du Cinema e ilustra de manera certera lo que he discutido por activa y por pasiva en esto que llaman "vida real" sobre la película de Spike Jonze, Donde viven los monstruos (Where the wild things are), adaptación del clásico infantil de Maurice Sendak que Obama lee a los niños.Me interesa mucho lo relativo al "arrepentimiento" de la madre, que premia a su hijo con tarta en vez de castigarle de por vida. ¿Pensamiento neoliberal? Puede ser. Un niño caprichoso no es castigado por su mal comportamiento, sino que es premiado para que no vuelva a portarse mal. Los mecanismos del chantaje al alcance del infante. ¿Lo siguiente? Cobrar desorbitadas cantidades de dinero por la muerte de un trabajador. Sucio, sí, pero legal (al menos, en Estados Unidos). Lo cuenta Michael Moore en Capitalismo: Una historia de amor, un documental revelador si obviamos la propaganda católica (y otros detalles "sin importancia").