En Japón las adolescentes se prostituyen en plan "soft". Menores de edad que deciden ofrecer sus tiernas y apretadas carnes a cambio de un i-pod último modelo. "Rosa, por favor". Aquí, en cambio, la última campaña de women´secret nos invita a la androginia para hacerlo todo legal. El doctor House lo dijo por la tele: apetecibles, deseables, pero nada de tocarlas antes de los veintiuno. Otro doctor hablaba del tabú y de la histeria. Lo sagrado y lo profano ya no son lo que eran. Relativistas culturales y etnocentristas, contesten. Y déjenme ensuciar en igualdad de condiciones a Hannah Montana, por favor. Con el pasaporte entre los dientes.
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lunes, 7 de septiembre de 2009
Lo sagrado y lo profano
En Japón las adolescentes se prostituyen en plan "soft". Menores de edad que deciden ofrecer sus tiernas y apretadas carnes a cambio de un i-pod último modelo. "Rosa, por favor". Aquí, en cambio, la última campaña de women´secret nos invita a la androginia para hacerlo todo legal. El doctor House lo dijo por la tele: apetecibles, deseables, pero nada de tocarlas antes de los veintiuno. Otro doctor hablaba del tabú y de la histeria. Lo sagrado y lo profano ya no son lo que eran. Relativistas culturales y etnocentristas, contesten. Y déjenme ensuciar en igualdad de condiciones a Hannah Montana, por favor. Con el pasaporte entre los dientes.
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martes, 25 de septiembre de 2007
Íñigo Montoya ya no vive aquí...
My love is like a storybook story. Lo cantaba un duende apellidado Diablo en inglés. Porque la princesa mantequilla salió sola a cabalgar. Y descubrió por la vía dura que los gigantes saben rimar. Íñigo Montoya no es zurdo. El Hombre de Negro tampoco. "Yocaína, apostaría mi vida a que lo es". Y la princesa mantequilla le obliga a gritar las palabras mágicas a su granjero: "Como desees". Pero el Hombre de los Seis Dedos le invita a probar la máquina. Y resulta que Billy Crystal es el Milagroso Max y la muerte no acaba con el amor, tan solo lo detiene. Comen venganza de primero, porque dicen que es un plato que es mejor servir en frío. Lo mastican y se visten de Pirata Roberts. "Hola, me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir". Saltan todos por la ventana. En la retina, Colombo amaga con cerrar el libro. "Abuelito, puedes venir mañana a leérmelo otra vez...". Y soñar besos de amor verdadero que no se olvidan. Nunca. Jamás.
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