No se trata de celebrar la diferencia sino de aplaudir la diversidad. Una vez me dijeron que la convivencia no se consigue uniformando, pero me costó imaginar a las personas unidas presisamente por aquello que las hace distintas. Las dificultades se agravan. Y yo quiero levedad. Como la de aquella sonrisa inglesa, con la posibilidad de una isla por montera. Y dejar de creer que el tedio es lo que mueve el mundo, aunque Umbral lo escriba en las paredes de los no lugares. Nos hemos vuelto demasiado exigentes, con nuestros cuerpos. Poco le pedimos a nuestras almas maniatadas. De ahí esta profunda tristeza.Ayer miré a una desconocida y la idealicé. No lo había hecho este año y me pareció curioso. Las expectativas marcan el camino de baldosas amarillas. No dejo de caer por esta madriguera de espejos invertidos. Hoy el reflejo duele. Tengo que empezar a vestir máscaras, me digo. Como una muñeca rusa. Como una jodida sociópata protagonista de alguna película olvidada de serie b.

Me entero

Solo ellas










Mi madre me contó ayer por teléfono que la nieve cuajó a veinte kilómetros de donde yo estaba tecleando. La nieve de